Homilía del Nuncio Thimoty Broglio

19 de marzo de 2006

 

            Hace nueve años, pensando en el bien espiritual de esta zona, el Siervo de Dios, el Papa Juan Pablo II, quiso erigir una nueva diócesis.  Seguir el crecimiento y alimentar los fieles es, y ha sido siempre, la preocupación del Pastor Universal de la Iglesia.  Es una manera de realizar  el mandato confiado a Pedro: “apacienta mis ovejas” 1.

Es justo dar gracias a Dios por la manifestación de su amor en este gesto y durante estos años.   Lo hacemos en el contexto del III Domingo de la Cuaresma, que en este año nos propone la lectura de las diez palabras del Pueblo elegido y la purificación del templo.  La coincidencia es muy hermosa, porque un aniversario es una ocasión para mirar atrás a la fundación, examinar el presente y pedir a Dios las bendiciones del futuro. 

            Les invito esta tarde a considerar este núcleo de fe, la centralidad de Cristo, y a seleccionar dónde tienen que tocar las cuerdas del látigo de la auto purificación. 

            Conocemos los diez mandamientos de la primera lectura que representan el acontecimiento extraordinario de un Dios que se revela.  Allí, el Pueblo elegido, y en todo tiempo, encuentra los rasgos del rostro de Dios que se une a su pueblo.  Son reglas para la vida y, como texto base, dan la unidad moral a todo el pueblo liberado: derechos y obligaciones.  Nos gusta el concepto de derechos: se habla con agrado sobre los derechos humanos, estamos listos siempre a defender nuestros derechos.  Sin embargo, no hay ningún derecho sin deber; son obligaciones con respecto al hermano, a la sociedad y, últimamente, a Dios.

            Se sabe que la aceptación o rechazo de estas palabras equivale a la fidelidad o al adulterio en las relaciones con Dios.  Para tomar el ejemplo del Santo que sería celebrado hoy si no fuese domingo, San José era uno que conocía bien sus deberes y los cumplían fielmente.          

            Este tiempo fuerte de Cuaresma nos ayuda justamente a mirar bien a nuestra condición de hijos de Dios y ver lo que significa en nuestra realidad concreta.  Hace falta el desierto para escuchar la voz divina, controlar bien la dirección de nuestra vida y experimentar la libertad auténtica.

            ¿Parece que el ser libre y el servir a una ley  son conceptos que se excluyen?  ¿Para ser libre, qué necesita la persona humana?   La libertad requiere una ley moral que nace de la naturaleza moral del hombre mismo.  Es la ley escrita en el corazón, según San Pablo.  Libertad y ley se presuponen y se complementan mutuamente.  La libertad presupone la facultad de elegir lo justo, porque elegir el mal conduce al castigo. 

            La Torá, o la ley mosaica, es un concepto muy amplío, la manera de ser y vivir.  Es algo que define al Pueblo elegido.  Don de Dios, el Decálogo es verdad y la verdad nos hace libres.  Sin embargo, el abandono del Decálogo en nombre de la libertad ha cimentado la esclavitud del hombre.  Por ejemplo, el hambre de tener cosas materiales hace a la persona humana una esclava de las formas de ganancia, le crea ansia por no lograr estas cosas, una falta de honestidad y la corrupción.  Al fin son condiciones que limitan al hombre.  La falta de fidelidad y coherencia hace que el hombre no pueda ser espontáneo.

            Sin embargo, en esta noche la diócesis de San Pedro de Macorís sabe ser espontánea y quiere celebrar nueve años de peregrinación como una porción del Pueblo Santo de Dios.  Quiere reafirmar su compromiso de vivir el Evangelio y de ver el rostro de Jesús en sus hermanos.

            Mirando atrás, podemos dar gracias a Dios porque su Pastor, sus sacerdotes, diáconos y los laicos, han sabido poner a Cristo en el centro de su existencia.  Lo vemos en el crecimiento de esta Iglesia con su casi medio millón de Católicos:  pensamos en particular en la ordenaciones sacerdotales y diaconales, el monasterio de monjas contemplativas, verdadero centro energético de una Iglesia,  el seminario menor, las nuevas parroquias y distritos parroquiales, la llegada de nuevas congregaciones religiosas, los miles y miles de personas que han encontrado al Señor en los sacramentos, y los miles y miles de personas que han experimentado la manifestación del amor trinitario en la caridad de la Iglesia, según la expresión del Santo Padre 2, en los hospitales, dispensarios, comedores infantiles, casas para los hermanos de la tercera edad y centros de acogida para los inmigrantes.  Así se ve que Ustedes han tomado en serio la invitación del Señor Juez de la historia que dice “cuanto hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mi me lo hicieron 3.”

            En tal contexto, ¿cómo no reconocer la labor incansable de su Obispo, amigo de los humildes, firme en la fe y austero en la vida?  A la petición del Santo Padre, él no dudó dejar diócesis, familia y otros quehaceres pastorales para fundar una nueva familia.  Damos gracias a Dios por su entrega, y gracias a él por su acogida de la gracia divina.

            Sin embargo, el aniversario no termina allí.  ¿Dónde estamos y dónde queremos ir?  ¿Qué significado tiene la purificación del templo en la vida del Maestro y en la nuestra?  Jesús se presenta como la victima verdadera en la nueva alianza.  Hay que liberar el templo de todo lo que no sirve al único sacrificio.  Además, él es el nuevo templo donde se da culto en espíritu y verdad.

            Estamos ya afuera del templo. ¿Entonces, qué vamos a echar afuera para que los aniversarios en 2007 y en 2011 sean mejores?  ¿Cuáles son las cuerdas que necesitamos en el látigo personal y dónde deben tocar?     

            Se ha visto la dedicación del Señor Obispo a la familia.  A menudo él bendice personalmente los matrimonios en la diócesis.  ¿Qué hacemos para fortalecer la familia, vivero de vocaciones?  Familias cristianas y sólidas dependen de la oración en familia, la fidelidad exclusiva de esposa y marido, la enseñanza de los valores cristianos, la disciplina y la participación juntos en la vida de la parroquia.  Recuerdo todavía el ejemplo de mi padre y la disciplina familiar.  Son cosas que dan una regla de vida.

            Si no son numerosas las vocaciones, no miren al altar sino al espejo de sus vidas.  Vocaciones nacen en familias sanas, en las oraciones y la generosidad de los padres y en el conocimiento de Jesucristo, en la manera de vivir de todos nosotros.  Sé bien que el compromiso cristiano es difícil en el mundo de hoy.  Sin embargo, donde abundan los desafíos abunda también la gracia divina.  Como nos ha recordado el Santo Padre Benedicto XVI, no estamos hechos para la comodidad sino para la realización de cosas grandes, la construcción del Reino de Dios.

            Mirando al futuro, podemos pedir a Dios con las palabras de una oración encontrada en una reflexión para este domingo:  “Visita, Jesús, nuestra comunidad y extirpa, en cuanto aparezca, cualquier asomo de envidia, de rivalidad, de enfrentamiento.  Que tu presencia traiga mansedumbre, humildad, compasión; danos, sobre todo, la silenciosa capacidad de sacrificarnos unos por otros.  Graba en el corazón de cada uno y en el rostro de todos las ‘diez palabras’ que manifiestan el único amor.” 4 (Zevini y Cabra)

            Hagan esto y la alegría de hoy será infinitamente más grande el año próximo y en el futuro del peregrinar de esta comunidad de fe.  Busquen el inyectar al mundo entero la presencia de Cristo, a pesar de que su cruz es escándalo para los Judíos y locura para los paganos.  Para nosotros es fuente única de vida.  Mons. Ozoria lo sabe.  Por eso la tiene siempre en su pecho.  “Sobre la cruz hay que morir a sí mismos; sin esto no hay plenitud de sacerdocio”, dijo el Cardenal Stefan Wysznski 5, hablando sobre el ministerio episcopal.

Así, Hermanas y Hermanos, el indigno representante del Santo Padre viene hoy para comunicarles el saludo del Papa Benedicto XVI quien quiere acompañar la comunidad de fe en su peregrinación, confirmando lo bueno y fortaleciendo lo que es más débil.  Vengo en el momento de este aniversario, porque los aniversarios son momentos de verificación: pasado, presente y futuro.  Vengo justamente cinco años después de un  día como el de hoy, en el que el recordado Siervo de Dios Juan Pablo II me dijo: “irás a las puertas del continente americano como nuncio en la República Dominicana… 6: en medio de esas queridas poblaciones sé testigo del afecto del Sucesor de Pedro.” Nunca quedó tan de manifiesto que el Santo Padre les quiere y sigue con interés su peregrinar en la fe.  Sepan que este símbolo de unidad les invita a andar juntos manifestando su Reino.  Vengo para decirles: ¡adelante sin miedo!, porque el Señor camina con Ustedes. Amén.

                                                          

Mons. Timothy Broglio

Arzobispo titular de Amitern

Nuncio Apostólico

 



[1] Jn, 21, 16c.

[2] Deus caritas est 19.

[3] Mt. 25, 40b.

[4] Zevini y Cabra, Lectio Divina, p. 190.

[5] Citado por Papa Juan Pablo II en Levantaos Vamos, p. 163.

[6] Papa Juan Pablo II, 19.III.2001.