Padre
mío:
Me
abandono a Ti,
haz
de mí lo que quieras,
lo
que hagas de mí te lo agradezco.
Estoy
dispuesto a todo,
lo
acepto todo.
Con
tal que Tu Voluntad se haga en mí
y en
todas Tus criaturas,
no
deseo nada más, Dios mío.
Pongo
mi vida en Tus manos.
Te
la doy. Dios mío,
con
todo el amor de mi corazón,
porque
Te amo,
y
porque para mí amarte es darme,
entregarme
en Tus manos sin medida,
con
infinita confianza,
porque
Tú eres mi Padre.
Hace ahora casi nueve
años que salió a la luz la primera edición española -en
lengua castellana- del Directorio de la FRATERNIDAD SACERDOTAL IESUS
CARITAS, aprobado en Asamblea General (internacional) en agosto del setenta v seis, en Montefiolo
(Italia).
Desde entonces acá,
ha hecho un largo recorrido, aunque modesto, la
Fraternidad Española, manteniendo sus constantes de servicio al clero diocesano, dentro de los contenidos
y valores eclesiales del
carisma del hermano Carlos, marcados por una
pastoral de opción por los últimos, sostenida en la experiencia de fraternidad -encuentros
fraternales-, con
la práctica de la Revisión de Vida, el Desierto y la Adoración.
También en América Latina ha ido prendiendo, y lo sigue haciendo de forma creciente entre el
clero de aquellas latitudes, la Fraternidad Sacerdotal. Nada mejor podía ocurrir. En
aquellos países de lenguas latinas, países pobres, o mejor, empobrecidos por la garra del neocapitalismo tecnocrático y liberal, y donde el Evangelio de Jesús
sigue siendo Buena Noticia de Liberación integral,
las fraternidades de Carlos de Foucauld, no sólo
tienen algo que aportar, sino mucho más que recibir.
En apoyo de esta afirmación, vayan unos párrafos
tomados de la Asamblea Latinoamericana de esta Fraternidad, celebrada en Barueri, Sao Paulo (Brasil), del 20 al 30 de
enero de 1981.
“En todos
los aspectos: económico, social, político, religioso, cultural, afectivo..., la práctica pastoral del sacerdote de la
Fraternidad rechaza los abusos de poder (cf. Puebla, 500),
procura superar las dominaciones y crear relaciones de Fraternidad y Libertad
entre individuos, grupos, cuadros y estructuras sociales; y para eso no vacila
en tener que tomar posiciones claras y públicas y hasta provocar rupturas
indispensables, atendiendo a otra palabra de orden del Hermano Carlos: "No
sean centinelas dormidos, perros mudos" (pfo. 5)”.
“Los
preferidos del sacerdote de la Fraternidad son los menos amados, los más
desfavorecidos, los que nada tienen de atrayente, los marginados de la vida,
los oprimidos, los que sufren injusticia. Esto no se da sin una presencia
gratuita entre ellos. El sacerdote de la Fraternidad se pregunta continuamente
si ellos a su vez lo aceptan como amigo” (pfo. 7).
“El
sacerdote de la Fraternidad ve los acontecimientos de la vida desde la óptica
del mundo de los pobres que nada tienen que perder, porque nada tienen” (pfo. 8).
“El
sacerdote de la Fraternidad persevera con coraje en su trabajo liberador de
cada día, como si todo dependiese de él, sabiendo, sin embargo, que todo
depende de Dios; y no pierde su alegría en los fracasos, porque su fuerza está
en su aparente inutilidad”(pfo. 9).
Hoy, cuando esta segunda edición castellana sale
a la calle, principalmente bajo la demanda del clero de los países de América
Latina, sentimos el gozo de sabernos instrumento del Espíritu, unidos en la
obra de liberación que Cristo Resucitado sigue alentando entre los pobres y a
favor de los pobres de cualquier parte del mundo.
Nuestra fuerza es la Esperanza. Virtud teologal
que hace de gozne entre la Fe y la Caridad. Y nuestra Esperanza hoy es la del
abrazo fraternal que habrá reconciliado definitivamente al hombre con el
hombre, desterradas las injustas diferencias y los abusos de cuantos no quieren
renunciar a sus privilegios que los sitúan por encima y en contra de sus
hermanos desheredados.
Cristo Resucitado es el garante de esta
Esperanza: "No temáis; yo he vencido al mundo" (Jn. 16, 33). Y
el Padre, en quien toda fraternidad adquiere su razón última y fundamental, nos
mantiene en el Espíritu de su Amor, para que sea el Amor nuestra arma única de
combate: "Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único" (Jn. 3, 16).
Mientras tanto, cuantos nos acercamos en América
Latina, en España, o en cualquier parte del globo a la Fraternidad Sacerdotal
"Iesus Cáritas", en comunión con la Iglesia Universal y a causa de
Jesús y del Evangelio, sentimos la urgencia de animarnos unos a otros todos los
días, para que ninguno sea víctima del desánimo, del desencanto, del cansancio,
de la desesperanza (cf. Heb. 3, 13). Esta será, en definitiva, la razón y la fuerza
de nuestro existir.
LAS
FRATERNIDADES DE LENGUAS HISPANICAS
Marzo
de 1985
(Introducción al Nuevo Directorio)
"Asi
habla el Señor, Yahvé, a estos huesos:
«He
aquí que voy a infundir en vosotros el espíritu y
viviréis»".
(Ez. XXXV, 5)
Desde hace algunos años, muchos de nosotros
sentían la necesidad de una profunda renovación de los estatutos de la
Fraternidad. Estos estatutos se habían elaborado y aprobado en 1962.
¡Catorce años ya! Desde entonces, el mundo ha continuado su marcha. Ha cambiado
mucho, y la Iglesia ha conocido la renovación conciliar.
También las fraternidades han evolucionado
durante este tiempo. En las distintas regiones, día tras día, a causa de los
acontecimientos del mundo y de los cambios habidos en la Iglesia, se trazaron
caminos nuevos y en la fidelidad se han abierto los oídos a nuevas llamadas.
Esta experiencia cotidiana y esta atención a la
vida de los hombres, a la llamada de Dios, al carisma del Hno. Carlos, nos han
hecho ver que la formulación de las exigencias que la Fraternidad había asumido
no resultaba ya adaptada a lo que actualmente estamos viviendo.
Por esta situación, algunas fraternidades han
llegado a experimentar un cierto malestar. Unas preferían no volver a pensar en
estatutos, otras, no hablar ya más de consagración...
Por eso, los regionales de la Fraternidad,
reunidos en Asamblea General, en este mes de agosto de 1976,
quieren poner en común cuanto consideran esencial de lo que hoy viven las
fraternidades repartidas por el mundo.
En septiembre de 1974, se invitó a las fraternidades a manifestar sus
reacciones a un proyecto de Directorio propuesto por P. Hünermann en el núm. 66 del
Correo Internacional.
Partiendo de la reflexión y de las sugerencias
recogidas de todas las regiones, la Asamblea General ha podido sacar a la luz
las convicciones que nos animan y las exigencias que nos unen sobre los caminos
tan diversos por los que marchamos hoy.
Con el agradecimiento por este encuentro, los
miembros de la Asamblea quieren compartir la alegría de esta buena noticia con
todos los hermanos de sus regiones, para que sea para ellos luz y vida.
Montefiolo, 23 de agosto de 1976
I) ESPIRITU Y FINES
1. A causa de
Jesús y del Evangelio.
2. Para ser
hermanos de todos los hombres.
3.
Abandonándonos al Padre.
II) EN LAS ENCRUCIJADAS DEL MUNDO Y DE LA IGLESIA
-
Situados
con una espiritualidad realista.
-
En
medio del Mundo y dentro de la Iglesia.
-
Tomando
posturas claras y públicas.
III) EN EL ESPIRITU DEL HERMANO CARLOS
1. Gestos concretos.
2. En un mundo no cristiano.
3. Exigencia de oración.
4. Espíritu de las Bienaventuranzas.
IV) NUESTROS CAMINOS
1. La Fraternidad.
2. La Revisión de Vida.
3. La Oración Contemplativa.
4. El compromiso con la Fraternidad.
V) CON UN MINIMO DE ESTRUCTURA
-
Encuentros
periódicos.
-
Correspondencia
amistosa.
-
Los
responsables de fraternidad.
-
Asamblea
General.
-
Comunión
de bienes y mantenimiento.
I) ESPIRITU Y FINES
1. A CAUSA
DE JESUS Y DEL EVANGELIO
Los sacerdotes, vienen a la Fraternidad por
distintas motivaciones: la experiencia de vida comunitaria, la apertura entre
hermanos, la posibilidad de ser admitidos a un diálogo y de ser aceptado, de
vivir la experiencia de Jesús, amado por Sí mismo, la búsqueda de nuevos
caminos en la Iglesia hoy.
Pero, en última instancia, es a causa de Jesús y
del Evangelio por lo que nos reunimos. Lo encontramos realizando en el mundo su
obra de salvación; lo reconocemos en la Eucaristía, en el corazón de nuestra
vida y de nuestra fe. El Hno. Carlos nos ha ayudado a redescubrir esta fuente
de nuestra vocación cristiana y sacerdotal: “Amo a Nuestro Señor Jesucristo con un corazón que querría amarle más y
mejor. Pero, en todo caso, le amo, y no puedo soportar llevar una vida distinta
a la suya”[1].
De esta manera, para nosotros, lo esencial de
nuestra vida se expresa en las palabras: “Jesús
Amor”, “IESUS CARITAS”.
El Evangelio, es, ante todo, la fuerza de liberación
del Resucitado que nos llama. Queremos escuchar esta Palabra de Dios en nuestro
tiempo, guardarla como María, vivirla y proclamarla. Queremos animarnos
mutuamente a dejarlo todo a causa de Jesús y del Evangelio. El Hno. Carlos vio
su vocación en esta vida según el Evangelio: “Volvamos al Evangelio, de lo contrario Jesús no vive en nosotros”.
2. PARA SER
HERMANOS DE TODOS LOS HOMBRES
El encuentro, con Jesús en el Evangelio y en la
Eucaristía condujo al Hno. Carlos a encontrarlo en sus hermanos: “Todo lo que hacéis a uno de estos más
pequeños, que son mis hermanos, a mi me lo hacéis” (Mt. XXV).
Vivió con los más desheredados para compartir su vida, solidarizándose con
ellos y trabajando con ellos en su promoción.
Se le ha llamado “el hermano universal”. Con este espíritu recibió el Hno. Carlos la
ordenación sacerdotal que le ponía al servicio de los hombres de una manera
nueva.
Nosotros, sacerdotes diocesanos, tenemos que
vivir esta fraternidad llevando a cabo entre los hombres la misión que nos
confíe la Iglesia. Somos responsables del anuncio del Evangelio. En comunión
con la vida de los hombres, y aprendiendo de ellos el amor a Jesús, somos
impulsados por el Evangelio a hacer que nazca el espíritu fraternal.
En la Eucaristía, el Señor vive con nosotros y
nos invita a ser solidarios de los hombres y atentos a los menos amados, lo que
es también para nosotros una forma de contemplación.
3. ABANDONÁNDONOS AL PADRE
Si cada día decimos con el Hno. Carlos: “Padre mío, me abandono a Ti, haz de mí lo
que quieras...” expresamos que queremos consagrar toda nuestra vida sin
reservas a Dios y a los hombres. Nuestras fraternidades pretenden ayudarnos en
el aprendizaje de este abandono de cada día por los caminos concretos por los
que hemos sido llamados.
II) EN LAS ENCRUCIJADAS DEL MUNDO Y DE LA IGLESIA
Los hombres y los pueblos de hoy reclaman el
derecho a asumir su propio destino; quieren ser responsables. Aspiran a un
mundo de justicia y de fraternidad. Y en medio de tensiones y desgarramientos,
de guerras de todas clases, a través de sus combates y sus luchas se esfuerzan
por construir un mundo que quieren distinto.
El pueblo de Dios vive estas rupturas y estas
luchas, estas esperanzas y progresos, a través de los cuales descubre la fuerza
del Resucitado llamando a los hombres. La Iglesia misma conoce sus propias
tensiones y sus rupturas con otras confesiones o Iglesias diferentes.
Las fraternidades son parte integrante de todo
esto. La aspiración a la vida evangélica de las fraternidades y de cada uno de
sus miembros no se vive en un ghetto religioso, sino en medio del mundo y
dentro de la Iglesia.
Así fue como el P. de Foucauld se situó, con una
espiritualidad realista.
Los hermanos participan, en la esperanza, en el
nacimiento de este mundo nuevo, como en los dolores y alegría del alumbramiento
del Reino que llega. Como sacerdotes diocesanos, viven estas situaciones
generales o locales desde sus propias responsabilidades. Que son las de
acompañar a su pueblo en sus preocupaciones , alegrías, luchas de liberación,
en su búsqueda de una esperanza.
En esta situación, las fraternidades están
llamadas a vivir con este pueblo en un estilo de vida fraternal y evangélica, y
a conservarlo por medio de la revisión de vida y la oración. Esto supone, a
veces, tomar posturas claras y públicas, y hasta, posiblemente, rupturas
indispensables: “No seáis centinelas
dormidos, perros mudó”. La revisión de vida remite a cada hermano a su fe,
a su servicio y a su responsabilidad con relación a este pueblo.
III) EN EL ESPIRITU DEL HNO. CARLOS
“Fijémonos
en los Santos, no para imitarlos a ellos,
sino
para imitar a Jesús”.
Toda la vida del Hno. Carlos fue una búsqueda
continua para vivir el absoluto de Dios y la fraternidad universal, en el
contexto de su época.
Su testimonio está en el origen de las
fraternidades y para muchos ha sido la fuente de su vocación a la Fraternidad.
Este testimonio forma parte de nuestra historia. Pero el estilo y los gestos
concretos del Hno. Carlos no son para reproducirlos por sí mismos. Cada
fraternidad redescubre estas intuiciones según su propio caminar en medio de
los hombres, de cara a nuestro tiempo.
1. GESTOS CONCRETOS
Amar a Dios y a los hombres requiere gestos
concretos. Y así el Hno. Carlos
- Se hace solidario con los más pobres.
- Imita la sencillez de Nazaret, especialmente por la
vida de trabajo.
- Renuncia
a los privilegios.
- Recibe
y acoge a todos los hombres aceptando su cultura, su nacionalidad, su medio
social, su raza.
- Se
compromete en la defensa de los oprimidos y en la liberación de los esclavos.
- Estudia el mundo de los tuareg y aprende su
lengua.
- Conoce algunas rupturas con su medio de
origen, manteniendo intactos los lazos de una amistad fiel.
2. EN UN
MUNDO NO CRISTIANO
El Hno. Carlos vivió el misterio de la Iglesia
en un mundo no cristiano. Esto le empujó:
- A “gritar el Evangelio con toda su vida”.
- A
buscar una nueva manera de presencia de la Iglesia en medio de los más
desheredados y de los que no son cristianos.
- A
trabajar durante toda su vida en la creación de pequeñas fraternidades, que
sólo vieron la luz después de su muerte.
- A
mantener la adhesión a la Iglesia y a sus responsables. a pesar de las torpezas
y limitaciones de su época.
- A
una audacia misionera para abrir caminos nuevos al Evangelio.
3. EXIGENCIA
DE ORACION Y RECOGIMIENTO
Para el Hno. Carlos, vivir así es consecuencia
de su adhesión a Jesús, y esta fidelidad le empuja a imponerse una exigencia de
oración y recogimiento.
En un ritmo de vida diario marcado por la
penitencia,
- Medita
cada día las palabras, hechos, espíritu de Jesús en la Sagrada Escritura.
- Participa
en la oración de la Iglesia por medio del Oficio Divino.
- Adora
con Jesús al Padre en una oración eucarística animosa y prolongada. Intercede
con Él por todos los hombres.
- Celebra
el memorial de la Pasión y la Resurrección de Jesús en la Eucaristía diaria.
- Asimismo,
se reserva largos tiempos de soledad: días de desierto, oración nocturna,
ejercicios, retiros y tiempos regulares de lectura espiritual y de trabajo
intelectual.
4. ESPIRITU DE LAS BIENAVENTURANZAS
Después de su conversión, el Hno. Carlos estuvo
muy marcado por el espíritu de las Bienaventuranzas, y así,
- Vivió
la pobreza real en todas las dimensiones de su
vida, hasta la aceptación de una muerte aparentemente inútil.
- Vivió
la castidad como signo de amor exclusivo por Jesús, en fraternal cercanía a los
hombres.
- Vivió
la obediencia en medio de iniciativas numerosas y variadas, como búsqueda de la
voluntad del Padre y participación del sacrificio de Cristo.
- Tenía,
también, hambre y sed de justicia, quería ser artífice de paz, hasta aceptar
ser perseguido.
IV) NUESTROS CAMINOS
Los caminos de la fraternidad no se dejan
definir por prescripciones jurídicas, exigencias, estatutos, etc. El carisma
del Hno. Carlos, la experiencia de las fraternidades, han permitido descubrir
los caminos concretos por donde el Señor nos conduce. En este sentido deben
entenderse las páginas siguientes.
I. LA FRATERNIDAD
La fraternidad no es un simple medio al servicio
de un ideal de perfección personal, sino un lugar en el que recibimos una
llamada de Dios definida y dónde toma cuerpo la aventura evangélica de cada
uno.
Por esta razón es una verdadera comunidad de
Iglesia.
Es una comunidad fraternal, es decir, un lugar
donde cada uno se siente reconocido, aceptado tal como es, con todo lo que
constituye su vida, donde se respetan y aceptan las peculiaridades. Es un lugar
de compartir, en la sencillez, la vida de cada uno, el lugar en el que puede
encontrar su sitio una verdadera amistad humana. Esta amistad podrá traducirse
de distintas maneras: visitas gratuitas, cartas, teléfono, diversión en común.
Pero vivir en fraternidad es, esencialmente,
comprometernos unos con otros: cada uno debe sentirse responsable de todos. La
fraternidad debe atender a todo sacerdote que pida vivir en ella, pero quedando
muy claro este compromiso reciproco y sus exigencias: la fraternidad sólo puede
alcanzar su fin cuando sus miembros se sientan comprometidos de manera estable.
Es una comunidad de Iglesia, es decir, un lugar
en el que hacemos la experiencia del encuentro con Jesús. Como los discípulos
de Emaús, compartiendo nuestras preocupaciones, la Palabra y la Eucaristía,
descubrimos la presencia siempre actual de Jesús Resucitado y Salvador del
mundo.
Es el lugar donde juntos, hacemos el aprendizaje
de la oración y donde, a la luz del Evangelio, nos interpelamos en la verdad,
con valor, sin complicidades, para descubrir las llamadas del Señor. Esta
experiencia de lo diverso nos abre a la universalidad.
Es el signo de lo que queremos vivir con todos,
y el anuncio de que en Jesucristo, esto es posible.
Una fraternidad agrupa, normalmente, 5 ó 6
sacerdotes.
Tanto si es un pequeño grupo que se reúne cada
mes, como si es un equipo de trabajo, o sacerdotes que viven juntos, o que
tratan de encontrarse, lo importante es el “día de fraternidad”. Este encuentro
debe incluir, mientras sea posible: descanso, comida, cambio de impresiones,
revisión de vida, lectura de la Biblia, oración silenciosa y prolongada y
celebración de la Eucaristía.
No se puede vivir esto sin un tiempo largo de
reunión. Es preciso tomárselo.
Además de las fraternidades que se reúnen con
regularidad, hay un cierto número de sacerdotes que por distintas razones se
encuentran en situaciones habituales de lejanía y aislamiento. Hay que
intentarlo todo para que estos sacerdotes puedan mantener un vínculo con una
fraternidad, para que puedan participar en la revisión de vida por una
correspondencia regular, para que sean invitados a las reuniones, retiros y al mes
de Nazaret de la región.
Todos los hermanos y, muy especialmente los
responsables, deben preocuparse de mantener con estos hermanos los lazos del
correo, de las visitas y de una ayuda amistosa.
La decisión de vivir en fraternidad, se hace por
etapas.
Después de algún tiempo de vida en fraternidad,
corresponde a los miembros de cada fraternidad, habida cuenta de las
condiciones de vida de cada cual, pedirle al sacerdote “entrante” que se
pronuncie sobre su deseo de pertenecer a la fraternidad, sobre todo, si éste
participa en los encuentros de manera irregular.
Normalmente, el sacerdote que quiere manifestar
su pertenencia no solamente a una fraternidad, sino a la Fraternidad entera,
participa en el mes de Nazaret y hace un compromiso explícito. Entonces es
considerado como miembro de la Fraternidad.
La animación de las fraternidades, el cuidado por cada miembro, la vinculación con las demás fraternidades, y su carácter eclesial, exigen un responsable. Los hermanos esperan de é1 que prepare los encuentros (lugar, fecha, distribución de tareas), que esté atento a que todos puedan expresarse, que saque conclusiones concretas, que recuerde los compromisos, los retiros. Que esté en contacto con las demás fraternidades y sacerdotes, que busque un contacto personal aparte de las reuniones, y que rece por sus hermanos. Está en medio de sus hermanos “como quien sirve”.
2. LA
REVISION DE VIDA
Es, sobre todo, en la Revisión de Vida donde la
fraternidad ejerce su función como regla de vida. Se habla mucho de revisión de
vida, pero indicando realidades diferentes: distintos intercambios, estudios de
Evangelio, revisión de vida apostólica. Para nosotros, en fraternidad, la
Revisión de Vida es un acto de fe común, en el que compartimos los
acontecimientos, preocupaciones, esperanzas y decepciones, una lectura en común
de la vida para descubrir en ella las llamadas del Señor.
Una Revisión de Vida así exige cierto valor,
pero sentimos que la necesitamos.
La Revisión de Vida es, primeramente, una mirada
contemplativa a la acción del Espíritu Santo en nuestras vidas. Y al mismo
tiempo, es el medio de una conversión permanente que debe alcanzar también a lo
mejor de cada uno, para estar siempre disponibles a las llamadas del Señor,
precisamente allí donde no se esperaban, donde no le habíamos visto u oído
hasta ahora. La Revisión de Vida nos ayuda a descubrir al Señor siempre más
grande, siempre distinto e, incluso, desconcertante para nosotros.
Hay una unidad de proceso entre la Revisión de
Vida y los demás medios de la Fraternidad. La Revisión de Vida se prepara
preferiblemente en el desierto, siempre en la oración y, si es posible, por
escrito. Mejor es no hacerla que improvisarla. Supone un clima de oración,
escucha de la Palabra de Dios, atención de unos para con otros. No hay que
temer los momentos de silencio. Hay que tener el valor de interrogarse
mutuamente, con delicadeza, pero con franqueza, sin miedo a las tensiones y a
los posibles enfrentamientos. La falsa amistad es la muerte de las verdaderas
revisiones de vida y, por tanto, de la fraternidad.
Hacer Revisión de Vida implica un compromiso de
cada uno para la realización de las llamadas recibidas juntos. Cada uno debe
sentirse responsable y solidario de los demás.
Una Revisión de Vida auténtica puede introducirnos
en el misterio de la muerte y resurrección de Cristo actuando en nosotros. Y, a
veces, nos conducirá hasta el sacramento de la reconciliación.
3. HACIA UNA
ORACION CONTEMPLATIVA
Para que sea posible una verdadera fraternidad,
tiene que estar la vida de cada uno de sus miembros enraizada en una actitud
contemplativa.
Pero, a menudo, vamos penosamente por los
caminos de la oración. El mismo Espíritu Santo viene en ayuda de nuestras
debilidades y nos empuja a perseverar en el trato con el Señor Jesús: “leer y releer sin cesar el Santo Evangelio
para tener siempre presentes los hechos, palabras y pensamientos de Jesús, a
fin de pensar, hablar y actuar como Jesús”.
El amor que Dios nos ha manifestado por el don de su Hijo hasta la muerte de cruz, el testimonio del Hno. Carlos, y la llamada de nuestros hermanos y hermanas, nos incitan, día tras día, a una mayor fidelidad:
- A la
adoración eucarística regular y prolongada. Algunos le dedican una hora diaria.
- A la
lectura meditada de la Escritura.
- A la
práctica mensual del día de "desierto", que se revela como un medio
importante para reconocer el absoluto de Dios en nuestra vida.
Cada cual se esfuerza por encontrar el ritmo de
oración que le va mejor, y llevar a la Revisión de Vida con su fraternidad los
puntos concretos en los que se pone en juego su fidelidad a Dios y a los
hermanos.
4. COMPROMISO
Desde el comienzo de la Fraternidad, la vida en
fraternidad y la Revisión de Vida nos han hecho descubrir el absoluto del amor
de Dios y de los hombres. Nos hemos sentido empujados a expresar esto por medio
de un compromiso, tradicionalmente llamado consagración. Al mismo tiempo, esta
consagración resulta problema. La experiencia nos ha hecho ver que no hay que
considerarla como votos religiosos, ni como una consagración en un Instituto
secular.
En realidad, es Dios quien nos ama primero.
Queremos realizar un acto de reconocimiento de este amor y comprometer toda
nuestra vida en la acción de gracias. Este amor nos da la libertad de poner en
sus manos toda nuestra vida, actual y futura.
Este paso se da a la luz de las Bienaventuranzas
y para la "vida del mundo". Teniendo en cuenta la diversidad de
carismas, es un acto de abandono personal y definitivo en el amor del Padre, la
entrega de la vida y en el ministerio entre los más pobres, un compromiso de
entregarse por completo a la liberación de un pueblo.
Todo esto expresado en función de los caminos
concretos por los que Dios llama a cada hermano hoy.
Es, ante todo, aprender a vivir pobres en un
mundo constantemente tentado por la riqueza; a vivir la dependencia en un mundo
al que aplastan e impiden liberarse los abusos de poder; a vivir el amor en un
mundo en el que los no amados son cada vez más numerosos; a vivir la
fraternidad en un mundo desgarrado y en una Iglesia dividida.
Y es, al mismo tiempo, aprender a conectar con
lo que hay de mejor en los hombres, en la utilización de la riqueza en
beneficio de todos; en el espíritu de servicio que les anima desde el fondo de
sus responsabilidades, en el amor que da sentido a sus vidas.
El papel de la fraternidad en este proceso es
importante: Cada uno toma a sus hermanos como testigos de su compromiso, y les
pide responsabilizarse juntos del mismo.
En concreto, nos comprometemos a vivir en
fraternidad según el espíritu de este documento.
La fraternidad debe ayudar a los hermanos a
hacer de este compromiso un gesto definitivo, en respuesta al amor de Dios.
Pero un acto de esta índole, no es deseable sino tras una maduración personal y
una experiencia prolongada de ministerio pastoral y de vida de fraternidad. Con
anterioridad, esta respuesta de amor de Dios se expresará en un compromiso
periódico y renovable. Y finalmente, en un compromiso definitivo.
Sea temporal o definitivo, el compromiso será
revisado cada año en fraternidad con este espíritu, para ser renovado y
actualizado por cada uno.
V) CON UN MINIMO DE ESTRUCTURA
El carisma del Hno. Carlos admite más
descubrimientos. Las perspectivas que se presentan aquí no son más que los
caminos por donde vamos ahora. Y, además, se viven de modo distinto en las
distintas regiones. De aquí nace para cada región la responsabilidad de ahondar
en esta búsqueda y de comunicarla a las demás regiones.
1. ENCUENTROS
El convencimiento de que una fraternidad aislada no puede subsistir y de que es indispensable el intercambio, ha llevado a la Fraternidad a prever diversos encuentros a distintos niveles.
La experiencia ha demostrado la importancia de
algunos de estos encuentros:
- Jornadas
centradas sobre un tema, con un ritmo semestral (uno o dos días).
- Retiros
anuales, nacionales o internacionales (una semana).
- Mes
de Nazaret, bien en el momento del compromiso estable en la Fraternidad, bien
como renovación de este compromiso.
- Los
retiros en soledad.
- La
Asamblea General cada seis años, que permite una revisión profunda de la
Fraternidad.
Todos estos encuentros sirven no solamente para la renovación personal de cada uno, sino que son una experiencia de vida comunitaria, de vida de fraternidad. Y permiten a las fraternidades y a las regiones renovarse y descubrir la dimensión universal de la Iglesia.
2. CORRESPONDENCIA
Además de los encuentros, un importante medio de contacto es el correo en todas sus formas: individual, de fraternidad, regional, nacional e internacional.
Esta correspondencia permite compartir con todos
los dones y experiencias de cada uno. Supone la participación de todos en esta
puesta en común.
Un bien común, absolutamente necesario para la
profundización de la fe en las fraternidades, son también los trabajos más elaborados
sobre algunos temas.
Todos estos correos son especialmente útiles a
los hermanos aislados y que están lejos.
3. LOS
RESPONSABLES Y SUS FUNCIONES
El servicio a las fraternidades y su dimensión
eclesial requiere la existencia de responsables en los diferentes
niveles de la Fraternidad. La experiencia enseña que la renovación de las
fraternidades exige la renovación de responsables.
A) Niveles
de responsabilidad
a) El
responsable de Fraternidad (Ver IV, 1).
b) El
responsable diocesano o ínterdiocesano
Su papel es posibilitar los encuentros de
fraternidades (intercambios, retiros, etc...), ayudar a los responsables de
fraternidad, mantener el contacto entre ellos por medio de reuniones regulares.
Él es el lazo de unión con la Región.
Presta especial atención a las fraternidades en
formación, para orientarles, sobre todo facilitando su participación en el mes
de Nazaret.
Se preocupa, especialmente, de las fraternidades
aisladas y también de las más antiguas, para ayudarles a superar la rutina que
puede invadirlas y favorecer la renovación.
Tiene conciencia de que le atañen las
aspiraciones y necesidades espirituales del presbiterio diocesano.
c) El
responsable regional
Una región se compone de un conjunto de
fraternidades establecidas en un territorio que presenta una cierta unidad
geográfica, lingüística.
El responsable regional o el equipo de
responsables regionales de un mismo país tienen como primera tarea poner de relieve en qué aspecto las
necesidades de los hombres de ese país son una
llamada a profundizar en los valores de la Fraternidad.
Lleva a cabo esta tarea en conexión con los
responsables diocesanos: organizando meses de
Nazaret, sesiones, reuniones, retiros, y con el correo regional, dando a
conocer la Fraternidad (folletos).
En sus encuentros, con los demás responsables regionales y con el responsable
general, verifica la autenticidad de la evolución de la Fraternidad en
su país, y encuentra la apertura hacia dimensión
universal, en la complementariedad.
d) El
responsable general
A lo ancho del mundo, la Fraternidad se vive de
manera diferente y evoluciona con distintos rostros. Esta diversidad necesita
que el responsable general garantice la unidad:
- Recordando
el carisma del Hno. Carlos.
- Ayudando
a cada región a discernir las llamadas del Señor.
- Permitiendo
el diálogo y el intercambio entre las distintas regiones.
- Preocupándose,
especialmente, de las regiones que nacen, que pasan por dificultades o están
aisladas.
- Reconociendo,
con la ayuda de su equipo, una región en formación como región constituida.
Esto lo hará a petición de esa región, teniendo en cuenta algunos criterios:
existencia de varias fraternidades, compromiso estable, participación en el mes
de Nazaret, elección de un responsable, correo.
Los medios para realizar esta tarea son los
encuentros personales y en equipo con los responsables regionales, los
encuentros internacionales, las visitas, el correo internacional y la asamblea
general.
Después de su elección, el responsable general
se escoge un equipo de colaboradores con el que forma una fraternidad. Lo que
implica conocimiento profundo, trabajo regular y Revisión de Vida.
Designa entre ellos a un asistente, que le
reemplaza en caso de necesidad.
Para constituir este equipo, consulta a la
asamblea general, y somete su proyecto a la aprobación de ésta.
B) Designación de responsables
y duración de su mandato
A causa del carácter propio de la Fraternidad,
de su pluralidad y de su evolución, la tarea de los responsables exige tanto un
dinamismo espiritual y creativo, como cualidades administrativas.
Por supuesto que un responsable debe estar
comprometido en una fraternidad de manera estable y haber participado en un mes
de Nazaret.
a) Modo de
designación
Toda elección en el interior de la Fraternidad
se preparará con una consulta a nivel de las fraternidades.
- El
responsable de fraternidad es elegido por los miembros de su fraternidad. Los
responsables diocesanos confirman esta elección.
- Los
responsables diocesanos son elegidos por los miembros de las fraternidades de
su diócesis o interdiócesis. El regional confirma esta elección, previo acuerdo
con el obispo de la diócesis, ya que esta responsabilidad es un servicio de
Iglesia.
- El
responsable regional se elige después de consultar a las fraternidades, a los
responsables de fraternidades y diocesanos. Se propone una lista de candidatos.
Todos los miembros de las fraternidades comprometidos de manera estable pueden
participar en la elección.
- El
responsable general sigue el desarrollo de esta elección y confirma su resultado
tras la aprobación del Obispo de la diócesis.
- El
responsable general es elegido por la asamblea general (previas votaciones
indicativas) según el procedimiento siguiente: mayoría de 2/3 en
las dos primeras vueltas, mayoría absoluta en las vueltas siguientes. Debe
tener el asentimiento de su Obispo.
b) La duración de
los mandatos
- Responsable de fraternidad: 3
años.
- Los demás responsables: 6 años.
Los mandatos no son renovables; excepto para el
de fraternidad, después de un intervalo.
4. LA ASAMBLEA GENERAL
La Asamblea general está compuesta por:
- Los
responsables regionales.
- Los
delegados de las regiones en formación, con voto consultivo.
- El
responsable general y su equipo.
- Los
antiguos responsables generales, con voto consultivo.
Se reúne estatutariamente cada seis años,
convocada por el responsable general. Está presidida por el responsable general
o, en su defecto, por el asistente.
Se reúne para:
- Una revisión de vida de la Fraternidad.
- Un intercambio internacional.
- Adoptar la regla de vida a las nuevas
situaciones.
- Elegir al responsable general.
5. COMUNION
DE BIENES Y MANTENIMIENTO
La pertenencia a la Fraternidad debe concretarse
también en una solidaridad financiera que permita su funcionamiento habitual.
Con este fin, cada región debe designar un tesorero y determinar una cotización
que se repartirá entre las cajas regionales, nacionales e internacional.
La caja internacional está bajo la
responsabilidad del responsable general y la contabiliza un tesorero
internacional.
Oración del Abandono....................................................................................................... 2
A modo de presentación..................................................................................................... 3
Necesidad de esta renovación
(Introducción al nuevo Directorio)..................................................................................... 5
Esquema general del Directorio........................................................................................ 6
I) Espíritu y fines............................................................................................................... 7
II) En
las encrucijadas del Mundo y de la Iglesia .............................................................. 8
III) En
el espíritu del Hermano Carlos ............................................................................... 8
IV)
Nuestros caminos........................................................................................................ 10
V) Con
un mínimo de estructura...................................................................................... 13